Mi experiencia Huatulco parte 1.





Hola, ¿cómo están?, espero que de maravilla. Yo con mil cosas pero muy contenta de traerles ya mi reseña de la aventura que viví la semana pasada en Huatulco junto con Hoteles Boutique de México y la revista Mujer In Time. ¿Están listos? Aquí les va:

Eran las cuatro de la mañana cuando sonó el despertador, sí, las cuatro de la mañana, una hora nada común para despertarme y mucho menos en lunes. Pero debía hacerlo porque tenía un vuelo que salía a las 7 am. Tengo que confesar que soy pésima para madrugar, pero esta vez parecía que me encantase despertarme temprano porque no me costó nada de trabajo; bueno, la verdad casi no dormí, entonces pues estaba semidespierta. La razón por la cual no me pesó hacerlo es que me iba a la playa y ante eso no me puedo resistir, ni siquiera la cama suave y pachoncita puede detenerme. En fin, partí al aeropuerto de aquí de la ciudad de Querétaro en donde ya me esperaba Danya, la chica con la que viajé. Volamos a Guadalajara y ahí hicimos escala hacia nuestro destino final, el paradisiaco Huatulco.

Llegamos al hotel a eso de las dos de la tarde, muertas de calor y ansiosas por conocerlo, ya que sabíamos que era hermoso. Inmediatamente nos recibió Oscar el concierge en turno, quien nos llevó a nuestra casita. Las Palmas Huatulco está formado por casitas, no por cuartos, cosa que hacía mucho más interesante todo. Cuando entramos a la nuestra nos sorprendió un ambiente cien por ciento mexicano lleno de color y decoración, lo que hizo sentirme muy orgullosa de mi país. Por supuesto que lo primero que hicimos fue dar un tour por la casa y ponernos cómodas y guapas para disfrutar, ya nos esperaba una botella de vino tinto junto con una canasta llena de frutas tropicales para que enseguida entráramos en mood vacacional y relajarnos. Por supuesto que así fue, ya frescas con ropa cómoda decidimos dar un paseo por todo el hotel para conocerlo. Las Palmas Villas & Casitas es un hotel boutique bastante peculiar muy distinto a todos los de Huatulco, no saben la vista que tiene, de verdad es privilegiado y es el único en todo Huatulco que cuenta con estas vistas maravillosas. En cuanto llegas a la primer alberca, porque tiene si recuerdo bien cuatro, te mueres con la vista, a lo no tan lejos se ve el mar rodeado de las montañas y puedes admirar cómo rompen las olas en las piedras, de verdad es maravilloso. En Las Palmas se respira un ambiente bastante hogareño, la arquitectura del hotel se presta para ello, ya que está compuesto de varias villas, unas más grandes que otras pero todas cuentan con lo necesario para vivir una vida entera ahí, cocina, recámaras, baños mega bellos, sala con tv, Sky y hasta un DVD. La cocina tiene todos los utensilios para que cocines o alguien vaya a cocinarte y no muevas un dedo mas que para levantar tu copa de vino. Entonces seguimos dando el tour conociendo y cuando subimos, wooooooow, la vista era mucho más hermosa que la primera, y así sucesivamente, mientras más subíamos la vista era más encantadora y nos enamorábamos más del lugar, en serio pensaba que quería quedarme ahí solo para contemplar el mar, escribir y respirar, se siente una paz y una tranquilidad que en pocos lugares he sentido. Definitivamente creo que Las Palmas es un lugar para ir a relajarte y olvidarte de absolutamente todo, conectarte contigo mismo y pasar un rato de puro amor junto con los que quieres. Abajo les dejo los links de Hoteles Boutique de México y de Las Palmas para que sepan mucho más.

Después de aproximadamente una hora de pasearnos y llenarnos de la energía de Las Palmas moríamos de hambre, pero así mal plan, decidimos salir a comer a la ciudad porque tanto Danya como yo estábamos ansiosas por consumir comida Oaxaqueña, solo teníamos que esperar a mi persona favorita que ya no tardaba en llegar, mi marido, ¡siií! Él me acompañó esta ocasión y fui la más feliz. En cuanto llegó partimos a un restaurante que nos recomendaron en el hotel, que la verdad fue la mejor opción. Pedimos un plato que traía de todo un poco, o más bien muchísimo porque no nos lo pudimos terminar, ya saben, mole, tlayudas, tasajo, pellizcadas y todas esas delicias que tiene ese estado, y claro, por último un cafecito de olla para hacer digestión. El sabor de Oaxaca es el nombre de ese lugar tan delicioso para comer. Después de comer nos fuimos a caminar con el propósito de conocer un poco, ¿les digo algo que me sorprendió muchísimo de Huatulco?, yo creía que era una ciudad así tipo Acapulco o Ixtapa como moderna y así, pero ¡oh sorpresa!, ¡no!, es muy pequeña y es más pueblito que ciudad, sigue manteniendo ese estilo, cosa que me encantó. Tiene una atmósfera súper relajada y lo sentí bastante local, sin tanto comercio de fuera, bastante cool la verdad. Luego de dar unos pasos que comienza la lluvia y decidimos meternos al mercadito a echar un ojo a las artesanías, aunque la verdad los tres estábamos muy cansados y mejor nos fuimos al hotel, abrimos la botella de vino helada que nos esperaba en la casita y nos metimos al jacuzzi, ¿así o más nice y deli? El jacuzzi por supuesto hizo que nos diera sueño y nos fuimos a dormir, porque además al otro día nos esperaba una aventura y debíamos pararnos muy temprano. Por primera vez, después de mes y medio de insomnio, dormí como bebé.

Sonó el despertador a las 7 am. y mi cuerpo me pedía unas tres horas más de cama, pero mis ganas y mi alma me levantaron porque nos esperaba una serie de actividades que se van a morir ahorita que se las cuente. Además, estaba ansiosa por ponerme otro bikini nuevo. Nos fuimos a desayunar como Dios manda y a eso de las nueve nos recogieron para ir hacia el Rancho Tangolunda, donde haríamos un recorrido en cuatrimotos y rafting en el río Copalita. Por supuesto que moría de miedo, pero me dio mil pena decir que no quería hacerlo, además algo por dentro me decía que debía ir e intentarlo.

Lo primero fueron las cuatrimotos, obvio que mi marido manejó, nos dieron las instrucciones, practicamos con unas vueltas que me marearon cañón y luego empezó lo bueno, nos adentramos a la selva y comenzó el nervio y la risa de emoción, más risa porque los dos nos veíamos divinos con nuestros cascos, el camino es muy bonito pero la verdad estuvo bastante tranquilo, yo moría de miedo porque pensaba que saltaríamos en bajadas y la salpicada de lodo en la cara y todo eso, pero no, bastante relax y divertido. Llegamos hasta el río y ahora sí, me temblaron las piernas, se me paralizo el cuerpo y me empezó a retumbar la cabeza, cuando vi la velocidad que llevaba el agua casi me da el tramafat, pero no me dio hasta que vi la lancha y Romeo nuestro guía nos explicó cómo sentarnos, ¡no tenía de dónde agarrarme! Sí, no hay nada para que te sostengas, simplemente te sientas en los costados de la lacha y atoras el pie en donde encuentres lugar, ahí si me infarté, por supuesto que le dije a mi marido, ¡ooooo seeeeaaaaaa, me voy a caer!, y claro que ya me imaginaba yo ahogada y toda golpeada por las piedras. Pero no, en cuanto la lancha arrancó la física hizo su trabajo y el remo ayudaba también a tener estabilidad, poco a poco mi miedo fue desapareciendo, respiré profundamente, me dije “Yeya, tú puedes, estás en buenas manos, disfruta por favor”, y así fue, me terapeé y todo fluyó como debía ser, hasta que Romeo decidió golpear un poquito la lancha y casi me volteo, pero él no contaba con mi fuerza bruta y mi instinto de sobrevivencia y no me caí, ándele qué bueno, jajaja. No saben lo maravilloso que fue el recorrido, el lugar está divino y el río es una hermosura, hicimos nivel dos pues porque no había manera de hacer otro más fuerte, fue perfecto, nos acompañó una familia bastante rara, jajaja, porque casi no hablaban a excepción del papá que era el más distraído y nunca seguía las instrucciones de Romeo, si me daban ganas de darle en la cabeza con el remo cada que Romeo decía que paráramos de remar y el señor seguía, Romeo no nos decía que remáramos y si había una bajadita el señor remaba, yo creo que Romeo quería voltearlo. En fin, fue una experiencia que sin duda quiero repetir, quedamos fascinados y mega mega cansados. Acabamos a medio día y nos fuimos a conocer una playa de Huatulco y a aprovechar el sol, cuando llegamos no nos encantó porque la verdad sí había muchísima gente y debíamos grabar y hacer fotos, y pues claro que no se iba a poder. Pero nos relajamos, nos tomamos una michelada y comimos un ceviche de pescado más que delicioso. Ya después caminamos y encontramos un lugar un poco más despejado donde pudimos hacer nuestras fotos. Entre las olas y un raspado de maracuyá con tamarindo disfrutamos la playita y empezamos a tomar un poco de color en la piel.

Para terminar el día, regresamos al hotel a ponernos guapas para ir a cenar al restaurante más cooll de Huatulco, Terra-Cotta fue la opción y la verdad sí cenamos riquísimo, pero moríamos de cansancio porque el día estuvo pesadito, entonces nos tomamos un mezcal para relajarnos y terminar el día como se debe. Si vas a Oaxaca y no tomas mezcal es como ir de compras y no comprar.

Así cerramos el segundo día, muy cansados pero de ese cansancio que se disfruta, así de que te duele el cuerpo rico porque estás tranquilo y muy satisfecho. Con el alma agradecida por un día más tan maravilloso y con ansia por comenzar otro nuevo.

Continuará…

Fotografia: Danya Flores y Las Palmas Villas & Casitas

Las Palmas Villas & Casitas

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