París en 7 días… (Parte 1)


Hola gente ¿cómo están? Yo aquí de nuevo para compartirles una nueva experiencia y de las más lindas que ya viví.

Pues me fui a París, hace aproximadamente un mes volví y de verdad sin querer hacerlo, me hubiera gustado tanto quedarme allá. París es una ciudad mágica que te envuelve completamente y hace que se te olvide absolutamente todo, y no solo por su tremenda y única arquitectura, ni por sus monumentos importantes, y ni por el museo de Louvre que es impresionante, ni por sus crepas que me he comido dos o tres por cada día de los que estuve allá.
Dicen los parisinos que no les gusta la Torre Eiffel que porque París es mucho más que eso, que no les gusta que París se identifique solo por la torre, sin duda es una parte super importante y pues para que la hicieron tan bonita, pero me atrevo a decir sin ser parisina que tienen razón, esa ciudad es mucho más que esa inmensa torre, la cual tiene una vista impresionante desde donde puedes apreciar la belleza casi perfecta de la cuidad entera, no hay manera de que no te guste y no hay manera de que no te enamore estando arriba y estando en sus alrededores con esas calles tan lindas que a lo ultimo dejan asomar la torre para tirar la foto perfecta para tu instagram. París es mágica por algo que no se ve, ni se toca, ni se huele, ni se come, tiene una atmósfera muy difícil de describir con palabras, así que más bien les contaré lo que sentí, creo que es la mejor manera para transmitir lo que me dejó y por lo que estoy diciendo todo esto.

Desde que llegué sentí una emoción única, ya con el simple hecho de entrar al aeropuerto y escuchar el francés, (que es un idioma que me ha fascinado siempre y que ahora que domine el inglés pienso aprenderlo). Después la sorpresa de que es completamente diferente a como yo lo imaginaba, es una ciudad muy grande, muuuy, no sé porque siempre creí que era pequeña y que todo estaba pegado, si, la torre, el arco, el Sena, Notre Dame, como que en mi cabeza existía un dibujo tipo caricatura en el que todo estaba tan cerca que podías ver volteando de un lado a otro cada cosa, pero no es así, es grande y hay que caminar demasiado o tomar el metro para recorrerlo. Del aeropuerto al centro es un muy buen tramo en el que fui observando y me di cuenta que era una ciudad más común de lo que pensaba, no veía esos edificios peculiares que veía en las películas y tampoco veía la torre, incluso hubo partes que se me hicieron bastante feas, había muchos cachos que me recordaba al D.F. Pero ¡oh sorpresa! Cuando entramos ya al centro o a París París que nos dijo el Sr. Uber: a partir de aquí ya estamos en París París, lo que se considera París jajaja pues a partir de ahí sí que la cosa cambió, ya veía los árboles bellos que estaban secos pues porque el frío, ya empezaban a asomarse los edificios con las ventanas y sus balcones y por supuesto que comenzaba la locura tan divertida de la ciudad, se asomaban las motos, la gente caminando, las florerías y en ese momento yo ya había entrado a un mood “I’m in Paris baby” favor de no molestar.

La cosquillee (léanse en francés) en la panza cada vez se hacía más aguda, me urgía llegar al hotel y decirle al que nos recibiera ¡Bonjour! No teníamos ni idea de cómo sería y si nos iba a gustar. Mientras más adentrábamos en la zona, mas feliz me ponía yo, porque era una zona bastante linda y como la imaginaba en mi cabeza, bueno más bien como la había visto en las fotos, no hubo decepción pues el hotel fue maravilloso y cumplió todas nuestras expectativas.

Sin darles más detalles a partir de ese momento mi marido y yo comenzamos a vivir la tan esperada ciudad.

Aquí es donde esa atmósfera única comienza a envolverme, es como una droga que hace que no pienses en nada más y que estés completamente concentrada en cada centímetro que vas andando, en cada color, en el quiche que me comí en el primer café con la copa de vino viendo como pintaban la calle a 6 m. de mi, soportando el ruido de la máquina con la que trabajaban los señores que gritaban sabe que que en francés y viendo los primeros looks de las mujeres que iban y venían, una con una bolsa de la farmacia, otra con su bici y tenis y otra más viejita con una bufanda que parecía que había sido de su bisabuela, en fin yo no tenía más de 3 horas en la ciudad y ya comenzaba a sentirme como la primera vez que vi a un niño que me gustaba en la secundaria, o sea embobada y con mariposas en el estomago, posiblemente amor a primera vista, empezaba a suceder algo entre París y yo.

Continuará…

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